IvánDíazLab

Hilos y Encanto. Una mercería entera, construida por dentro.

Mi propia mercería: cinco canales de venta, un solo inventario y seis aplicaciones que construí para operarla.

Captura real del proyecto: Hilos y Encanto.
Hilos y EncantoCaptura real del proyecto

Node + TypeScript · React + Vite · PWA offline · PostgreSQL · Docker · API Mercado Libre · Amazon SP-API · Mercado Pago · IA local

Hecho. Y comprobado.

5
canales de venta que leen la misma existencia
6
aplicaciones propias, en producción
1
inventario central; ningún canal lleva su propia cuenta
796
publicaciones de Mercado Libre auditadas y conciliadas

Cada pieza tiene su propio caso.

Cómo está construido.Decisiones, evidencia y detalles

Ficha técnica

Negocio
Hilos y Encanto, mi mercería en San Cristóbal de las Casas, Chiapas: hilos, estambres, kits y herramientas para tejer, bordar y crear.
Canales
Mostrador, Mercado Libre, Amazon México, hilosyencanto.com y WhatsApp
Estado
En producción. El equipo lo usa en cada venta, cada envío y cada conteo.
Rol
Dueño, operador y constructor: lo diseñé, lo programé, lo desplegué en mi propio servidor y lo opero.
Piezas
Punto de venta, bodega offline, inventario central, tienda web, agente de WhatsApp con CRM y control de asistencia con acceso único

Contexto

Hilos y Encanto es mi mercería. Vende en el mostrador de San Cristóbal de las Casas y en línea a todo México: Mercado Libre, Amazon, su propia tienda web y WhatsApp. Lo atiende un equipo pequeño que cobra, empaca, surte y contesta mensajes todo el día.

Antes de escribir una línea de código, lo operé. Conté cajas, armé envíos, cancelé ventas de piezas que ya no estaban y cuadré a mano lo que ningún sistema cuadraba. Todo lo que construí aquí salió de ese mostrador, no de un documento de requerimientos.

El problema

Cinco lugares donde vender. Cinco versiones de cuánto había.

Cada canal llevaba su propia cuenta. El mostrador no sabía lo que salía por Mercado Libre, la tienda web no descontaba cuando alguien pagaba y la bodega era un conteo en papel. Vender una pieza que ya no existe no es un error raro: es lo que pasa cuando nadie tiene la cifra buena.

Y una mercería es el peor caso posible: miles de claves pequeñas, colores casi iguales, cajas que se llenan con etiquetas de distintas publicaciones. Ningún software de anaquel entiende esa operación.

Decisiones clave

Cuatro reglas que aprendí operando el negocio y que el software respeta sin excepción.

El descuento de bodega lo hace una persona

El sistema nunca descuenta existencia física por su cuenta. El equipo descuenta la caja al empacar y al armar un envío; el software registra, avisa y compara.

Un descuento automático más uno humano es un doble descuento. Prefiero que el sistema pregunte a que crea saber lo que hay en una caja que no ha visto.

La clave de producto no basta

Una misma clave puede cubrir varias publicaciones, cada una con su propia pila física. Para cruzar canal y bodega se usa el código de la publicación, y sólo ése.

Lo aprendí rompiendo producción: cruzar por clave apagó anuncios que sí tenían producto. Desde entonces hay una autoprueba que lo vigila.

Un cero no siempre es cero

«Cero en bodega» puede significar que no existe, que no está encajado o que está sin etiqueta. La existencia vendible es cajas más piezas sueltas.

Ignorar las piezas sueltas fabricó sobreventas falsas. Distinguir los tres ceros evita resurtir lo que ya está en el anaquel.

Una sola cuenta para todo el equipo

Punto de venta y bodega validan la identidad contra la app de asistencia: la misma persona entra con su teléfono o su correo del negocio a todo.

Cada aplicación sigue siendo dueña de sus permisos. Que alguien suba de puesto en un sistema no le abre la caja de otro.

Cómo se mueve una pieza de estambre

El inventario central es la única verdad. Los canales leen de él, la bodega lo confirma y los datos cuentan lo que pasó.

  1. Se vende en cualquier lado

    En el mostrador, en Mercado Libre, en Amazon, en la tienda web o por WhatsApp.

  2. Un solo inventario la registra

    Cada venta queda en un kardex que no se edita: se corrige agregando.

  3. Todos los canales se enteran

    La existencia se escribe de vuelta y cada escritura se vuelve a leer para comprobarla.

  4. Una persona la confirma

    La bodega escanea, empaca y descuenta desde el celular, aunque no haya señal.

  5. La historia queda contada

    Tres años de ventas reconstruidos dicen qué se mueve y qué no.

La solución

Seis aplicaciones que se hablan entre sí. Un punto de venta para el mostrador. Una aplicación de bodega que escanea, cuenta por ubicación y trabaja sin señal. Un inventario central que conecta Mercado Libre, Amazon, la tienda web y el bot. La tienda hilosyencanto.com, que ya no tiene stock propio. Un agente de WhatsApp con CRM que contesta con IA local. Y el control de asistencia, que además es la puerta de entrada de todo el equipo.

Encima de eso, la capa de datos: tres años de ventas reconstruidos en un modelo analítico y veintiocho meses de hojas de cálculo migrados a un libro contable con trazabilidad por hoja y fila.

Todo corre en mi propio servidor, en contenedores, detrás de un túnel y sin puertos abiertos a internet. Cada pieza tiene su caso publicado con sus decisiones y sus cifras.

Resultados

  • Un solo inventario para cinco canales: 796 publicaciones de Mercado Libre auditadas y un kardex con 1,742 movimientos.
  • La bodega trabaja sin conexión, y un replay de 3,536 eventos reales comprobó la corrección de un envío que no cuadraba.
  • 56,739 transacciones de tres años reconstruidas para saber qué se vende de verdad.
  • Veintiocho meses de hojas de cálculo reunidos en un solo libro contable, sin duplicados.
  • El agente de WhatsApp contesta catálogo y pedidos con IA que corre en el servidor propio: las conversaciones no salen del negocio.

Las cifras se publican en unidades y movimientos. Los importes del negocio no se publican, por regla del propio proyecto.

Lo que aprendí

Que construir para tu propio negocio no perdona: si el sistema miente, me entero en el mostrador esa misma tarde. Esa presión es la que hizo que cada pieza confiese sus límites en vez de inventar un número cómodo.

Y que la experiencia de operar es la ventaja. Las reglas que más valen —la persona descuenta, el cero tiene tres lecturas, la clave no basta— no estaban en ningún manual. Las aprendí detrás del mostrador, y son las mismas que llevo a los sistemas de mis clientes.

¿Tu negocio vende en varios lados y nada cuadra? Ya lo resolví en el mío.

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